miércoles, 30 de septiembre de 2009

La Niña de Guatemala , Los Olimareños

Los Olimareños Poema de Jose Marti

Canción a José Martí ( Versos Sencillos ). Canta Sara González

Canción en homenaje a José Martí. Canta Sara Gonzáles

Versos sencillos, Jose Martí

Yo soy un hombre sincero
De donde crece la palma.
Y antes de morirme quiero
Echar mis versos del alma.
Yo vengo de todas partes,
Y hacia todas partes voy:
Arte soy entre las artes,
En los montes, monte soy.
Yo sé los nombres extraños
De las yerbas y las flores,
Y de mortales engaños,
Y de sublimes dolores.
Yo he visto en la noche oscura
Llover sobre mi cabeza
Los rayos de lumbre pura
De la divina belleza.
Alas nacer vi en los hombros
De las mujeres hermosas:
Y salir de los escombros
Volando las mariposas.
He visto vivir a un hombre
Con el puñal al costado,
Sin decir jamás el nombre
De aquella que lo ha matado.
Rápida, como un reflejo,
Dos veces vi el alma, dos:
Cuando murió el pobre viejo,
Cuando ella me dijo adiós.
Temblé una vez –en la reja,
A la entrada de la viña.—
Cuando la bárbara abeja
Picó en la frente a mi niña.
Gocé una vez, de tal suerte
Que gocé cual nunca: --cuando
La sentencia de mi muerte
Leyó el alcalde llorando.

Oigo un suspiro, a través
De las tierras y la mar,
Y no es un suspiro, --es
Que mi hijo va a despertar.
Si dicen que del joyero
Tome la joya mejor
Tomo a un amigo sincero
Y pongo a un lado el amor.
Yo he visto al águila herida
Volar al azul sereno,
Y morir en su guarida
La víbora del veneno.
Yo sé bien que cuando el mundo
Cede, lívido, al descanso,
Sobre el silencio profundo
Murmura el arroyo manso.
Yo he puesto la mano osada
De horror y júbilo yerta,
Sobre la estrella apagada
Que cayó frente a mi puerta.
Oculto en mi pecho bravo
La pena que me lo hiere:
El hijo de un pueblo esclavo
Vive por él, calla, y muere.
Todo es hermoso y constante,
Todo es música y razón,
Y todo, como el diamante,
Antes que luz es carbón.
Yo sé que el necio se entierra
Con gran lujo y con gran llanto,--
Y que no hay fruta en la tierra
Como la del camposanto.
Callo, y entiendo, y me quito
La pompa del rimador:
Cuelgo de un árbol marchito
Mi muceta de doctor.

Cultivo una rosa blanca, Jose Martí

Cultivo una rosa blanca
En Junio como en Enero,
Para el amigo sincero,
Que me da su mano franca.

Y para el cruel que me arranca
El corazón con que vivo,
Cardo ni ortiga cultivo
cultivo una rosa blanca.

Jose Martí, Biografía


Martir de la independencia de su patria, Martí fue a la vez americanista insigne, pensador fecundo, poeta precursor del modernismo y, en general, una de las figuras más puras de América.

Nació en la Habana, de padre valenciano, militar de modestos recursos económicos, y de madre canaria. En 1865 ingresó en la escuela municipal que dirigía el poeta y publicista Rafael María de Mendive, quien, consciente de las notables actitudes mentales del muchacho, se hizo cargo personalmente de su educación. Desde edad temprana mostró Martí si inquietud cívica y su simpatía por las ideas revolucionarias que hervían entre los cubanos. El Grito de Yara lanzado por Carlos Manuel de Céspedes en 1868, que diera inicio a la Guerra de los Diez Años, y el encarcelamiento y, luego, la deportación del maestro Mendive, sólo lograron cristalizar la actitud de rebeldía de Martí contra la dominación española.

Ya en 1869 publica una hoja impresa separatista, El Diablo Cojuelo, y el primer y único número de una revista, La Patria Libre, en la que inserta su poema "Abdala". En su periódico manuscrito El Siboney, de ese mismo año, inserta su soneto patriótico "10 de Octubre". A los 17 años se le procesa por la redacción de una carta en la que expresa conceptos revolucionarios y se le condena a seis años de presidio. En las canteras de la Habana sufre trabajos forzados hasta que, en 1871, con la salud quebrantada, se le concede un indulto y se le deporta a España. Allí publica el mismo año su primer trabajo de importancia, El Presidio Político en Cuba, en que pinta descarnadamente los horrores del mismo y en que ya se pone de manifiesto el idealismo y el vigoroso estilo del autor.

En Madrid se dedica a serios estudios y comienza a cursar la carrera de derecho en la Universidad Central. En 1874, tras largas privaciones, obtiene su doctorado en leyes y en filosofía y letras de la Universidad de Zaragoza. De sus años en España brotan el respeto y el amor por la España de siempre, en contraposición a su antagonismo hacia la política y los errores coloniales de la metrópoli, que jamás habría de abandonar Martí. Su trabajo La República Española ante la Revolución Cubana (1873) es obra de crítica seria con que más que nada apela a la inteligencia y al espíritu justiciero de los españoles para que reconocieran su errores en cuanto a Cuba.

Entre 1874 y 1877 viaja Martí por Europa y América. En México reside durante casi dos años, haciendo labor de periodismo y de enseñanza. Allí se casa con una cubana, Carmen Sayas Bazán y, en 1878, regresa a Cuba a raíz del Pacto del Zanjón, el cual pone término a la Guerra de los Diez Años; pero parte al destierro de nuevo ante las sospechas que infunden a la autoridades sus actividades revolucionarias. Deportado a Santander, pasa a París, y en 1880 llega a Nuevo York.

Allí, con excepción de breves estancias en Venezuela, donde funda la Revista Venezolana, y de varios viajes breves de otros países de América, fija su residencia y se dedica de lleno a actividades políticas y literarias. Colabora, en inglés, como crítico de arte en diarios neoyorkinos; los mejores periódicos de América se disputan sus labores de corresponsal; y los gobiernos del Uruguay, de la Argentina y del Paraguay lo nombran su cónsul en Nueva York. Mientras tanto, mantiene su incansable correspondencia privada con intelectuales y personalidades del mundo entero y se activa cada vez más en la organización de un nuevo proceso revolucionario en Cuba.

En 1884 se entrevista con Antonio Maceo y Máximo Gómez, y en 1892 sienta las bases del partido revolucionario cubano y funda la revista Patria, órgano del separatismo. Desde este momento se convierte en el principal dirigente de la lucha por la emancipación de su patria. Orador magnífico, logra limar asperezas y aunar voluntades, inspirar esperanzas en la colonia cubana del exilio y allegar fondos. En Costa Rica se entrevista de nuevo con varios de los principales jefes revolucionarios cubanos y en Santo Domingo llega a un acuerdo con el generalísimo Máximo Gómez a fin de dar comienzo al proceso de liberación a fines de 1894. Un grave contratiempo, el embargo de los buques expedicionarios por las autoridades norteamericanas, amenaza con destruir todo lo planeado; sin embargo, en enero de 1895, Martí autoriza el levantamiento en la Isla y, a pesar de que lo aconsejable era su permanencia en los E.U.A., insiste en partir para Cuba a tomar parte en el conflicto. Se encuentra en Santo Domingo con el generalísimo Gómez, y después de lanzar el Manifiesto de Montecristi, donde se exponen los propósitos de la revolución, parte para Cuba; el 11 de abril desembarca en Playitas con Gómez y un pequeño contingente, y el 19 de mayo, en un sorpresivo encuentro con tropas enemigas, cae el prócer cubano herido de muerte.

Aunque héroe máximo de los cubanos, las proyecciones del pensamiento de Martí, universales en su amplitud de criterio y su variedad de miras, lo colocan con Bolívar y San Martín a la cabeza de las figuras de América que han tenido legitima repercusión hemisférica. En su trabajo Nuestra América (1891), dejó un admirable programa de americanismo.

martes, 29 de septiembre de 2009

Tu pelo negro......

Tu pelo negro,revuelto
tu pelo navegando en el viento
navegando en la tormenta
sin naufragar.
Tu pelo como la seda
como el agua o la arena
se me escapan de las manos.
Tu pelo negro
como la noche oscura.
Tu pelo alzado por el viento
como espadas no descienden,
permanecen altivas.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Solo le pido a dios, León Gieco

Piedra negra sobre piedra blanca, Cesar Vallejo

Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París -y no me corro-
talvez un jueves, como es hoy de otoño.

Jueves será, porque hoy, jueves, que proso
estos versos, los húmeros me he puesto
a la mala y,
jamas como hoy, me he vuelto,
con todo mi camino, a verme solo.

César Vallejo ha muerto, le pegaban
todos sin que él les haga nada;
le daban duro con un palo y duro

también con una soga; son testigos
los días jueves y los huesos húmeros,
la soledad, la lluvia, los caminos…

Los Heraldos Negros. Cesar Vallejo

Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma… Yo no sé!

Son pocos; pero son… Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán talvez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema

Y el hombre… Pobre… pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes… Yo no sé!

Cesar Vallejo, Biografía


César Vallejo (1892-1938), poeta peruano, considerado el más grande de su país, así como una figura capital de la poesía hispanoamericana del siglo XX —al lado de Pablo Neruda y Vicente Huidobro— y una de las voces más originales de la lengua española. Su complejo mundo poético se distingue por un profundo arraigo al ámbito familiar, las experiencias del dolor cotidiano y la muerte, la visión del mundo como un lugar penitencial sin certeza de salvación, la solidaridad con los pobres y desamparados del sistema capitalista, y la fe en la utopía revolucionaria prometida a los hombres por el marxismo. En diversas etapas de su obra se notan los influjos del modernismo, la vanguardia, el indigenismo, la poesía social y el impacto de acontecimientos históricos, como la Guerra Civil española.

Nació en Santiago de Chuco, en la zona andina norte del Perú, en el seno de una familia con raíces españolas e indígenas. Fue el más pequeño de once hijos y creció en un ambiente imbuido de devoción religiosa. Desde niño conoció la miseria, pero también el calor del hogar, lejos del cual sentía una incurable orfandad. Estudió en la Universidad de Trujillo, ciudad donde recibió el estímulo de 'la bohemia' local formada por periodistas, escritores y políticos rebeldes. Allí publicó sus primeros poemas antes de llegar a Lima a fines de 1917. En esta ciudad aparece su primer libro, Los heraldos negros (impreso en 1918, circula en 1919), uno de los más representativos ejemplos del posmodernismo, tras las huellas de Leopoldo Lugones y Julio Herrera y Reissig. En Lima conoce también a importantes figuras literarias de la época, como Manuel González Prada. En 1920, tras la muerte de su padre y la pérdida de su plaza de profesor, hace una visita a su pueblo natal, donde se ve envuelto en unos disturbios que lo llevarán a la cárcel por unos tres meses; esta experiencia tendrá una crítica y permanente influencia en su vida y obra, y se refleja de modo muy directo en varios poemas de su siguiente libro, Trilce (1922). Se considera esta obra como un momento fundamental en la renovación del lenguaje poético hispanoamericano, pues en ella vemos a Vallejo apartándose de los modelos tradicionales que hasta entonces había seguido, incorporando algunas novedades de la vanguardia y realizando una angustiosa y desconcertante inmersión en los abismos de la condición humana que nunca antes habían sido explorados.

Al año siguiente aceptó una invitación de su amigo Julio Gálvez y partió hacia París, donde permanecería (con algunos viajes a la Unión Soviética, España y otros países europeos) hasta el fin de sus días. Los años parisinos fueron de extrema pobreza y de intenso sufrimiento físico y moral. Hasta 1925 no consiguió un empleo estable en una agencia de prensa de reciente creación. Participa con amigos como Vicente Huidobro, Gerardo Diego, Juan Larrea y Juan Gris en actividades de sesgo vanguardista, pero pronto abjura de su propio Trilce y hacia 1927 aparece firmemente comprometido con el marxismo y su activismo intelectual y político. Escribe artículos para periódicos y revistas, piezas teatrales, relatos y ensayos de intención propagandística, como Rusia en 1931. Reflexiones al pie del Kremlin (1931). También editó en Francia la revista Favorables y colaboró en el Journal de París. En la capital francesa conoció a importantes figuras intelectuales y artísticas de la época, como Antonin Artaud, Pablo Picasso o Jean Cocteau. Inscrito en el Partido Comunista de España (1931) y nombrado corresponsal, sigue de cerca las acciones de la Guerra Civil. En 1931, estando en Madrid, escribió su única novela, El tungusteno. En 1937 participó en el Congreso de escritores Antifascistas y visitó brevemente el frente. De vuelta en París escribió una tragedia en quince escenas, La piedra cansada, así como las quince composiciones de España, aparta de mí ese cáliz, su poema más político, que apareció en 1939 impreso por soldados del ejército republicano. Toda la obra poética escrita en París, y que Vallejo publicó parcamente en diversas revistas, aparecería póstumamente en esa ciudad con el título Poemas humanos (1939). En esta producción es visible su esfuerzo por superar el vacío y el nihilismo de Trilce y por incorporar elementos históricos y de la realidad concreta (peruana, europea, universal) con los que pretende manifestar una apasionada fe en la lucha de los hombres por la justicia y la solidaridad social.

Cesar Vallejo, Biografía

César Vallejo (1892-1938), poeta peruano, considerado el más grande de su país, así como una figura capital de la poesía hispanoamericana del siglo XX —al lado de Pablo Neruda y Vicente Huidobro— y una de las voces más originales de la lengua española. Su complejo mundo poético se distingue por un profundo arraigo al ámbito familiar, las experiencias del dolor cotidiano y la muerte, la visión del mundo como un lugar penitencial sin certeza de salvación, la solidaridad con los pobres y desamparados del sistema capitalista, y la fe en la utopía revolucionaria prometida a los hombres por el marxismo. En diversas etapas de su obra se notan los influjos del modernismo, la vanguardia, el indigenismo, la poesía social y el impacto de acontecimientos históricos, como la Guerra Civil española.

Nació en Santiago de Chuco, en la zona andina norte del Perú, en el seno de una familia con raíces españolas e indígenas. Fue el más pequeño de once hijos y creció en un ambiente imbuido de devoción religiosa. Desde niño conoció la miseria, pero también el calor del hogar, lejos del cual sentía una incurable orfandad. Estudió en la Universidad de Trujillo, ciudad donde recibió el estímulo de 'la bohemia' local formada por periodistas, escritores y políticos rebeldes. Allí publicó sus primeros poemas antes de llegar a Lima a fines de 1917. En esta ciudad aparece su primer libro, Los heraldos negros (impreso en 1918, circula en 1919), uno de los más representativos ejemplos del posmodernismo, tras las huellas de Leopoldo Lugones y Julio Herrera y Reissig. En Lima conoce también a importantes figuras literarias de la época, como Manuel González Prada. En 1920, tras la muerte de su padre y la pérdida de su plaza de profesor, hace una visita a su pueblo natal, donde se ve envuelto en unos disturbios que lo llevarán a la cárcel por unos tres meses; esta experiencia tendrá una crítica y permanente influencia en su vida y obra, y se refleja de modo muy directo en varios poemas de su siguiente libro, Trilce (1922). Se considera esta obra como un momento fundamental en la renovación del lenguaje poético hispanoamericano, pues en ella vemos a Vallejo apartándose de los modelos tradicionales que hasta entonces había seguido, incorporando algunas novedades de la vanguardia y realizando una angustiosa y desconcertante inmersión en los abismos de la condición humana que nunca antes habían sido explorados.

Al año siguiente aceptó una invitación de su amigo Julio Gálvez y partió hacia París, donde permanecería (con algunos viajes a la Unión Soviética, España y otros países europeos) hasta el fin de sus días. Los años parisinos fueron de extrema pobreza y de intenso sufrimiento físico y moral. Hasta 1925 no consiguió un empleo estable en una agencia de prensa de reciente creación. Participa con amigos como Vicente Huidobro, Gerardo Diego, Juan Larrea y Juan Gris en actividades de sesgo vanguardista, pero pronto abjura de su propio Trilce y hacia 1927 aparece firmemente comprometido con el marxismo y su activismo intelectual y político. Escribe artículos para periódicos y revistas, piezas teatrales, relatos y ensayos de intención propagandística, como Rusia en 1931. Reflexiones al pie del Kremlin (1931). También editó en Francia la revista Favorables y colaboró en el Journal de París. En la capital francesa conoció a importantes figuras intelectuales y artísticas de la época, como Antonin Artaud, Pablo Picasso o Jean Cocteau. Inscrito en el Partido Comunista de España (1931) y nombrado corresponsal, sigue de cerca las acciones de la Guerra Civil. En 1931, estando en Madrid, escribió su única novela, El tungusteno. En 1937 participó en el Congreso de escritores Antifascistas y visitó brevemente el frente. De vuelta en París escribió una tragedia en quince escenas, La piedra cansada, así como las quince composiciones de España, aparta de mí ese cáliz, su poema más político, que apareció en 1939 impreso por soldados del ejército republicano. Toda la obra poética escrita en París, y que Vallejo publicó parcamente en diversas revistas, aparecería póstumamente en esa ciudad con el título Poemas humanos (1939). En esta producción es visible su esfuerzo por superar el vacío y el nihilismo de Trilce y por incorporar elementos históricos y de la realidad concreta (peruana, europea, universal) con los que pretende manifestar una apasionada fe en la lucha de los hombres por la justicia y la solidaridad social.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Color del alba, Victor Riveros

El cantautor paraguayo Victor Riveros interpreta esta canción con letra del poeta Elvio Romero y música de Carlos Noguera, el 23 de agosto de 2008 en su concierto "La música de la poesía", homenaje a los poemas musicalizados, en el Centro Cultural de España Juan de Salazar. Asunción, Paraguay.

Carta, Elvio Romero

Te escribiré mi amor, desde un sonido
de tierra apretujada,
desde un hondón, de pie, desde un frondoso
confín de llamaradas,
desde donde sus pétalos la Rosa
de los vientos deslava;
de allá te escribiré, a la luz profunda
de una estrella lejana,
desde donde me encuentres y no me encuentres
buscándome en el mapa,
te escribiré de asuntos de entereza
al punto fijo en que despunta el alba.

Desde el clamor del mar o de la tierra
te escribiré esta carta.

Desde el instante en que te supe hermosa
te escribiré esta carta.
Desde el sesgo de luz de tu sonrisa
te escribiré esta carta.

Te escribiré mi amor, desde la arena
removida en resguardo de la llama;
lejos de ti te escribiré, bañada
de sudor y esperando una batalla,
vestido de hojas y de estrellas verdes,
de monte oscuro y de llanura parda,
desde un cambio de sombra en la vigilia
te escribiré esta carta.

Desde el desvelo de los hombres bravos
te escribiré esta carta.

Te escribiré también desde la espera
y el anhelo mayor de la mirada;
lejos de ti te escribiré, tan lejos
que aproxime tu afán largas distancias,
desde el ruedo de sombras de una hoguera,
desde un sendero de cruzadas ramas,
desde un sol de acechanza y de una noche
que abriendo el puño alumbre las guitarras,
te escribiré desde el albor de un niño
de lluvia desdoblada.

¡Desde un vivac de imperativa lumbre,
te escribiré esta carta!

Tormenta, Elvio Romero

La noche ha sido larga.

Como desde cien años
de lluvia,
de una respiración embravecida
proveniente de un fondo de vértigo nocturno,
de un cántaro colorado
jadeando en la tierra,
el viento ha desatado su tempestad violenta
sobre el velo anhelante de la ilusión
efímera, sobre los fatigados menesteres
y tú y yo, en la colina
más alta,
en el rincón de nuestros dos silencios,
abrazados al tiempo del amor, desvelándonos.

Deja que el viento muerda sobre el viento.
Yo te cerraré los ojos

Elvio Romero, Biografía


Nació en Yegros, Estado de Caazapa (Paraguay) el 12 de diciembre de 1926. Hijo del dueño de un tiovivo y tallador de imágenes de santos, Elvio Romero, que se define a sí mismo como "hijo de la intemperie", cambió pronto la escuela por el oficio de carretero, tan acorde a su vocación de "caminante". Sin embargo, la lectura casi clandestina de un cuaderno de su madre con poemas recortados y pegados de Rubén Darío, Gutiérrez Nájera y Amado Nervo, le hizo descubrir la poesía y la necesidad de cultivar la palabra con sensibilidad y conocimiento.

Siendo muy joven se incorporó a la vida literaria de Asunción y compartió tertulias con Roa Bastos, Josefina Plá, Hérib Campos Cervera, Hugo Rodríguez Alcalá, Óscar Ferreiro, José Antonio Bilbao y otros altos exponentes de las letras paraguayas de entonces -todos ellos forman la llamada generación del 40-; Elvio Romero pertenecería, como dice José Vicente Peiró en el excelente prólogo que encabeza la antología, a esta generación de 1940, y que según el prologuista, "era la hija paraguaya del 27 español". muy emparentadas por su estética vanguardista y su compromiso social, como veremos luego.

En 1947, Elvio participa en la revolución de su país, perdida la causa y tras el triunfo del golpe de Estado del general Morinigo, Elvio Romero tuvo que exiliarse a la Argentina. Primeramente vivió en Presidencia Roque Sáenz Peña, en el Chaco argentino, allí vivió hasta 1956. Por su casa pasaron, camino del exilio, figuras como José Asunción Flores, Herminio Giménez, los hermanos Larramendia, y muchos otros. Posteriormente se instaló en Buenos Aires, donde fue apadrinado por Rafael Alberti (quien con el poema "Elvio Romero. Poeta paraguayo" prologó Días roturados, su primer libro), donde conoció y se hizo amigo de los más importantes poetas del momento (Pablo Neruda, Nicolás Guillén, Raúl González Tuñón...) que lo integraron en los círculos de la poesía latinoamericana, donde su voz poética pronto fue conocida y apreciada. Desde entonces su voz -testimonio poético de las vicisitudes y los padecimientos de su país- se dio a conocer en la América Latina.

Es la voz poética paraguaya más conocida en el mundo hispano hablante. Su obra poética está compuesta por 13 poemarios: Días roturados (1947-48), Resoles áridos (1949-50), Despiertan las fogatas (1952-53), El sol bajo las raíces (1955-56), -estos cuatro, publicados durante su estancia en Buenos Aires-. Posteriormente publica De cara al corazón (1959-61), Esta guitarra dura (1960-61), Libro de la migración (1966), Un relámpago herido (1966-67), Los innombrables (1970), Destierro y atardecer (1975), El viejo fuego (1977), Los valles imaginarios (1984), Flechas en un arco tendido (1993-1994). En 1990 se reunieron en la edición Obras completas (2 volúmenes) y al año siguiente publicó El poeta en la encrucijada, libro por el que se le concedió el Premio Nacional de Literatura- instituido ese año en Paraguay-.

Como prosista publicó una biografía: Miguel Hernández, Destino y poesía (Ed. Losada, 1958) y El poeta y sus circunstancias (Ed. RP, 1991), por el que se le otorgó el Premio Nacional de Literatura, de ese año, y Fabulaciones (Ed. El Lector, 2000).

Elvio Romero era el poeta más destacado de su país. Miembro de la Academia Paraguaya de la Lengua, obtuvo en 1991 el primer Premio Nacional de Literatura de la historia paraguaya y desde hace varios años su nombre sonaba insistentemente para los premios Cervantes y Príncipe de Asturias.

Producido en 1989 el derrocamiento de Alfredo Stroessner, Elvio Romero pudo regresar al país donde tomó contacto con sus amigos y colegas paraguayos. Fue miembro de número de la Academia Paraguaya de la Lengua Española y socio del PEN Club del Paraguay. Ocupó el cargo de agregado en la Embajada de Paraguay en Buenos Aires, desde febrero de 1995 hasta días antes de su fallecimiento.

El poeta paraguayo Elvio Romero falleció la madrugada del 19 de mayo de 2004 en Buenos Aires, a la edad de 78 años, a causa de un paro cardíaco.

Su esposa, Élida, agradeció mediante nota a todos los que difundieron su obra "sabemos lo importante que ha sido para él, en estos últimos meses tan difíciles, la publicación de su obra en España". De aquí fueron algunos de sus amigos más entrañables como Rafael Alberti o León Felipe, y su admirado Miguel Hernández. "Fue el último gran poeta paraguayo", dijo Augusto Roa Bastos, al enterarse de la muerte de su amigo.

El hombre del pan y de la estrella:
"No ha muerto un poeta, porque los poetas no mueren, no ha muerto un luchador porque los luchadores no mueren, nos deja la estrella repartida y puesta sobre la mesa con aroma a pan caliente".

Destacó en el periodismo y la poesía, por su estilo vanguardista y social, por lo que conoció bien la vida y sufrimientos de las gentes del campo paraguayo. Es un excelente versificador y, tal vez, el poeta paraguayo más conocido de las últimas décadas, pues sus obras están traducidas a más de diez lenguas.

Miguel Ángel Asturias dijo de él: "Poesía invadida, llamo yo a esta poesía, poesía invadida por la vida, por el juego, y el fuego de la vida". Y es que su visión del mundo es dramática: conflicto externo entre naturaleza y el ser humano, e interno, entre el bien y el mal. Su poesía, hay quienes la califican de política, pues ciertamente hay compromiso ideológico y partidista, pero no es una poesía social como tal, ya que su compromiso es su manera de fundirse con la tierra y las gentes. Buscando influencias cercanas a sus primeros escritos habría que recurrir a Herib Campos Cervera y a Pablo Neruda.

La poesía de Elvio Romero ha recibido el elogio y el reconocimiento de numerosos lectores, entre ellos tres ganadores del Premio Nobel de Literatura, como Gabriela Mistral, que afirmaba leerlo "como acostada sobre la tierra"; Miguel Ángel Asturias, "Poesía invadida llamo yo a esta poesía, poesía invadida por la vida, por el juego y el fuego de la vida" y Pablo Neruda, "poesía llena de fuerza y follaje". El poeta Hamlet Lima Quintana lo señala como uno de los referentes más importantes de nuestra poesía latinoamericana. Josefina Pla dice que, al leer la poesía de Elvio Romero, "se va a escuchar la voz de un pueblo reclamando su lugar en el coro de la libertad".

Nicolás Guillén le dedicó un emotivo y cálido poema en el que le llamaba: "Elvio, Romero, mi hermano".

Como prosista publicó, como ha sido comentado ya, una biografía: Miguel Hernández - Destino y poesía (Ed. Losada, 1958), que fue la primera biografía de Miguel editada en Argentina. También dio a la imprenta El poeta y sus circunstancias (Ed. RP, 1991), por el cual se le otorgó el Premio Nacional de Literatura, de ese año, y Fabulaciones (Ed. El Lector, 2000).

Se cuenta que la famosa frase "Adiós camaradas, amigos despedidme del sol y de los trigos" atribuida al poeta Miguel Hernández, antes de morir en la cárcel franquista y que escribiera en la pared, se le atribuye al propio Romero. Aunque en realidad la famosa frase es de Antonio Aparicio.

Según Ricardo Rubio, "Cuando alguna voz se alza por sobre el cuchicheo, cuando se rompe el silencio para exaltar una verdad, es cuando aparecen la manifestación útil y la resistencia ante el abuso y el delito".

Elvio Romero es modelo de esa resistencia y, como tal, uno de los hombres esperanzados. Es un poeta universal de tono americano, desde el cimiento paraguayo que edifican el guaraní y la enorme historia literaria del idioma castellano. Idioma al que alimenta y dignifica, actualizándolo y respetándolo con un celo que reniega de la invasión de voces y estilos que nada tienen que ver con nuestra esencia hispanoamericana.

Sus composiciones desprenden la fuerza vital y el carácter sanguíneo del lenguaje y su sonoridad. Como expresionista a ultranza, se nutre de algunas fórmulas modernistas y de la pureza del gusto por lo clásico, lo que hace que su mensaje no sólo manifieste la intensidad de una idea enraizada en lo ético, sino también un equilibrio formal, flexible a la gracia de lo espontáneo, claro y creativo en lo estético.

Pese a la juventud que entonces tendría, existen muchas razones por las que debe ser considerado como un poeta de la generación del 40, pues su fuente de expresión es el post-romanticismo. Pero no encontraremos en su obra intimismos que delaten dudas o conflictos psicológicos que intenten declamar un destino adverso, sólo en los temas de amor propiamente dichos aparecen las miradas a la identidad, a la corriente íntima y a las fricciones más individuales.

Si la llamada poesía social es aquella que surge como resultado de la observación de lo justo, entonces Elvio Romero es un poeta social. Ha dicho alguna vez: "Yo casi podría decir que soy un poeta indignado. A mí la injusticia me produce indignación".
Cuando un hombre no puede sustraerse del sufrimiento de otro, no hace más que identificarse en su dolor, respondiendo emocionalmente a la llamada del instinto de un modo saludable y certero. En Elvio Romero no hay una tendencia voluntaria a producir ese u otro efecto. Llega a los poemas que su corazón le dicta, con un vocabulario llano, inspirado, y cuyo caudal pareciera no tener límites a la hora de la palabra precisa.

Él mismo dice: "He pretendido que mis libros respirasen como los hombres; que contuviesen el aliento de nuestra naturaleza encendida por su vasto espacio verde y por el verano; por eso los poblé de personajes y de árboles que cantan y de gente cuyo oficio era sentarse en mitad de la luz del mediodía o del fulgor de la luna".

Desde un principio se impuso ante las tentaciones del éxito vano y pedante; su notoriedad brota de composiciones sanguíneas, vehementes, en las que advertimos el dolor cierto y la angustia del desarraigo.

Su intuición poética lo lleva de la mano por el camino correcto: evita la palabrería frívola, el mariposeo intelectual, los perfectismos vacíos, y extrae la poesía con verdadera fuerza creadora.

No puede negarse que parte de su obra se apoya en el recuerdo y en los estados dramáticos que le proveyó el destierro. Sus libros van pasando por los distintos asuntos y van dejando la estela de un fondo melancólico. Media en ellos un sustrato de dolor nunca abatido. Tarde o temprano brota el adjetivo bucólico y evocador, imprevistamente, como aire perentorio que debe respirarse sin más; o se enlaza en la añoranza de sus héroes, o en la de sus mártires, o en imágenes lejanas que rememoran la infancia. Asuntos extendidos también en su narrativa y ensayos. Extraemos del libro De cara al corazón (1955), un fragmento del poema "Quisiéramos":
"De tiempo en tiempo quiero bajar la voz, lavarla... darla así, como un agua sencilla, que te visite al signo de la luna y las flores, atestiguar el iris de tus ojos, cantar bajo su sombra".

Como hemos comentado antes, con respecto a la pertenencia de Elvio Romero a la generación de 1940 hay que hacer unas pequeñas puntualizaciones que, creemos, servirán para situar el contenido de la obra de Elvio Romero.

En la historia reciente de la poesía española tenemos también una generación de 1940; es la que surge inmediatamente después de la guerra civil. Pero entre esa generación de 1940 y la generación del 27 existe en nuestra poesía una generación intermedia, la generación de 1936, que actúa como puente entre la generación del 27 y la generación de 1940, y en la que algunos incluyen a Miguel Hernández, poeta tan admirado por Elvio Romero.

En esta generación de 1936, que Ricardo Gullón denominó "generación escindida" a causa de la dispersión de sus componentes con motivo de la guerra civil, se comienza a abandonar las posiciones esteticistas de los poetas del 27 para situarse en el campo de atracción de una lírica que propendía hacia preocupaciones humanas y planteamientos de carácter religioso que acercaban a los poetas que la componía a las actitudes de autores como Miguel de Unamuno y Antonio Machado.

En la generación de 1940 española la poesía se abre a nuevas experiencias lírica como son el neogarcilasismo, representado por la revista madrileña Garcilaso, el esteticismo lingüístico que practicaban los componentes de la revista cordobesa Cántico, la poesía existencial que se reunía en torno a los poetas de la revista santanderina Proel y, por último, la poesía comprometida de carácter político y social que se publicaba desde la revista leonesa Espadaña.

Desde esas consideraciones, y viendo los temas tratados con más frecuencia e intensidad por Elvio Romero, no dudaríamos en integrarlo en la también generación de 1940, pero en este caso, española. Porque su obra, compuesta de 13 libros, que va desde 1948, fecha de la publicación de su primer libro Días roturados, hasta 1994, Flechas de un arco tendido, recoge todas esas preocupaciones y experiencias que los poetas españoles reflejaron en sus obras, particularmente los que orientaron sus versos hacia lo testimonial, social y político.

Con razón afirma José Vicente Peiró en el prólogo antes citado de la antología Contra la vida quieta:

"Elvio Romero es un poeta de la vida, simbolizada por el fuego en sus composiciones, de la vida posible y plausible, donde reine la justicia, la camaradería y el amor, Elvio reivindica la fantasía, pero no la que se destina a adormilar las conciencias, sino aquella tan necesaria, especialmente en su maltratado Paraguay, que las despierta y las vuelve reivindicativas".

Relación con Miguel Hernández
En cuanto a la relación que une a Elvio Romero con Miguel Hernández, es la propia de una relación de admiración del poeta paraguayo hacia nuestro poeta-pastor de Orihuela.

Qué duda cabe que la diferencia de edad entre ambos es patente: Miguel Hernández nació en 1910 y Elvio Romero en 1926, ello hace que ambos pertenezcan a dos generaciones diferentes. Uno es español; el otro paraguayo, pero los dos viven y sufren la experiencia de una guerra civil en sus respectivos países.

Cuando Miguel Hernández fallece, Elvio Romero contaba con tan sólo 16 años, comienza a hacerse un hueco en el mundo literario y político del Partido Comunista, con los estudios secundarios sin finalizar, se convierte en un escritor autodidacta; al igual que Miguel Hernández, que tras sus dos únicos años de estudios en el Colegio Diocesano de Santo Domingo, su autoformación se nutre a través de las lecturas de los libros de la biblioteca del canónigo Luis Almarcha.

Su trayectoria demuestra que son dos poetas paralelos en sus comienzos, ambos de origen humilde, ambos autodidactas, ambos unidos por la ideología comunista, ambos influidos por el pueblo, lo bucólico los temas más naturales y cotidianos.

El amor es evidentemente un lugar común, como tema, común a casi todos los poetas, pero el estilo identifica a cada uno de ellos, esto ocurre con Elvio Romero. La poesía de ambos también se ve impregnada por el bucolismo paisajista.

Romero es autor, como se ha mencionado, de una biografía del poeta oriolano, publicada en 1958, muy difundida. También prologará tres publicaciones de la obra hernandiana, una de ellas es Viento del pueblo (Editorial Lautaro, 1956); Cancionero y romancero de ausencias (Editorial Lautaro, 1958); y una edición de sus Obras completas, con la Editorial Losada, 1960.

En marzo de 1982 participó en el Primer Congreso Internacional dedicado a Miguel Hernández, celebrado en las ciudades de Alicante, Orihuela y Elche.

Ojos color tierra......

Ojos color tierra
siembran ternura donde miran
y la cosechan.
Ojos color tierra
como el crepúsculo
envueltos permanentemente
por el rocío.
Ojos color tierra
tierra de jardín,
tierra agradecida al sol
la lluvia y el viento.
Ojos color tierra
viajando en nubes
viviendo el silencio de la noche
acompañando a las estrellas.
Ojos color tierra
los tuyos
que no lleguen a ellos
nunca el asfalto.

jueves, 24 de septiembre de 2009

A Tonga da Mironga do Kabuletê - Vinicius de Moraes

A Tonga da Mironga do Kabuletê Vinicius de Moraes - En la Fusa con Maria Creuza y Toquinho "-Toquinho.. -... diga,diga - vamos a hacer aquella canción que hicimos: "A tonga da mironga do kabul...

Soneto de la separación, Vinicius De Moraes

De repente la risa se hizo llanto,
silencioso y blanco como la bruma;
de las bocas unidas se hizo espuma,
y de las manos dadas se hizo espanto.

De repente la calma se hizo viento
que de los ojos apagó la última llama,
y de la pasión se hizo el presentimiento
y del momento inmóvil se hizo el drama.

De repente, no más que de repente,
se volvió triste lo que fuera amante,
y solitario lo que fuera contento.

El amigo próximo se hizo distante,
la vida se volvió una aventura errante.
De repente, no más que de repente.

Canción del demasiado amor, Vinicius De Moraes

Quiero llorar porque te amé demasiado,
quiero morir porque me diste la vida,
ay, amor mío, ¿será que nunca he de tener paz?
Será que todo lo que hay en mí
sólo quiere decir saudade...
Y ya ni sé lo que va a ser de mí,
todo me dice que amar será mi fin...
Qué desespero trae el amor,
yo que no sabía lo que era el amor,
ahora lo sé porque no soy feliz.

Vinicius De Moraes, biografía


Vinicius de Moraes (19 de octubre de 1913 - 9 de julio de 1980), cuyo nombre completo era Marcus Vinícius da Cruz de Melo Morais, nació y murió en Río de Janeiro, Brasil. Fue una figura capital en la música popular brasileña contemporánea. Como poeta escribió la letra de un gran número de canciones que se han convertido en clásicas. Como compositor dejó varias buenas canciones y como intérprete participó en muchos álbumes. También fue diplomático de Brasil.

Biografía:

En la reserva del popular junto a su compañero Pablo Nivar. En 1929, comenzó a estudiar derecho en Río de Janeiro. A partir de 1932 escribió las letras de diez canciones que fueron grabadas por los hermanos Tapajós. Cuando finalizó sus estudios, publicó sus libros Caminho Para a Distância (1933) y Forma e Exegese. Más tarde (1935) comenzó a trabajar como censor cinematográfico y escribió su tercer libro Ariana, a Mulher (1936).

En 1938 de Moraes se instaló en Inglaterra con una beca concedida por el gobierno inglés en la Universidad de Oxford y escribió Novos Poemas. En 1941 volvió a Río y comenzó a escribir críticas de cine en periódicos y revistas. Dos años más tarde se unió al cuerpo diplomático de Brasil y publicó su libro Cinco Elegías. En 1946 fue enviado a Los Ángeles como vice-cónsul en su primer destino diplomático y publicó su obra Poemas, Sonetos e Baladas.

Al principio de 1950, de Moraes volvió a Brasil por la muerte de su padre. Su primer samba (compuesto junto con el músico Antônio Maria) fue Quando Tu Passas por Mim y se publicó en 1953. En ese año se trasladó a Francia como segundo secretario de la embajada de Brasil. Su obra de teatro Orfeu da Conceição ganó el Concurso del IV Centenario de São Paulo en 1954. Al año siguiente escribió la letra de algunas de las piezas de música de cámara de Cláudio Santoro. En 1959 Marcel Camus lleva al cine Orfeu da Conceição con el título de Orfeo Negro. En esa época de Moraes entra en contacto con Antonio Carlos Jobim, iniciando una amistad y una colaboración que tiempo después, con la incorporación de João Gilberto daría lugar a un movimimento de renovación en la música brasileña. Jobim escribe la música para Se Todos Fossem Iguais a Você, Um Nome de Mulher y otras canciones de la película, grabadas, entre otros, por Luís Bonfá. Orfeo Negro ganó el Oscar a la mejor película de habla no inglesa, la Palma de Oro en el Festival de Cannes y el premio de la Academia Británica.

Tras un regreso a sus destinos diplomáticos en Francia y Uruguay, publicó sus obras Livro de Sonetos y Novos Poemas II.

En 1958, la cantante Elizeth Cardoso publicó el álbum Canção do Amor Demais, que marcó el comienzo de la bossa nova. Este disco sólo contiene composiciones del dúo Jobim-de Moraes, o realizadas por sólo uno de los dos (Canção do Amor Demais, Luciana, Estrada Branca, Chega de Saudade, Outra Vez...), en una producción que también incluía a João Gilberto en las dos últimas pistas. Tras ese disco, la carrera de todos ellos recibió un gran impulso. Suele decirse que Chega de Saudade es el tema que inaugura la bossa nova.

En los años 1960, de Moraes realizó colaboraciones con muchos cantantes y músicos reconocidos en Brasil, en particular con Toquinho (el colaborador más frecuente de de Moraes y uno de sus grandes amigos). Sus canciones Para uma Menina com uma Flor y Samba da Bênção (con música de Baden Powell) fueron incluidas en la banda sonora de Un Homme et une Femme, de Claude Lelouch, 1966, película ganadora del Festival de Cannes.

Aparte de sus compañeros brasileños, cientos de intérpretes de muchas nacionalidades y estilos han grabado alguna de sus más de 400 canciones. Vinícius de Moraes murió en Río de Janeiro a la edad de 66 años.

Una de sus grandes obras, es el C.D. proveniente de las sesiones de grabación en el salón "La Fusa", donde tocaron varias canciones famosas, con la voz de María Creuza y la guitarra de Antonio Pecci (Toquinho). Vinicius sugirió para lograr un mejor resultado del disco, que las canciones fuesen grabadas en el estudio y que después, encimaran las voces del publico porteño, entusiasta, alegre y emotivo. Hoy en día, si se escucha con atención el disco se puede apreciar como Toquinho improvisa mientras Vinicius dirige unas palabras a su público; luego se escucha el corte de la grabación, y se nota el cambio de tono de la guitarra de Toquinho. Vinicius cuenta que aquellos fueron de los mejores años de su vida, donde no faltaron mujeres y whisky. Con su voz de cava, teñida por los cigarros y el alcohol, Vinicius canta como nunca.

martes, 22 de septiembre de 2009

La cara oculta de Facebook

¿Sabes qué sucede realmente con tus datos en facebook? ¿Eres consciente de que Facebook adquiere el derecho a hacer lo que quiera con las fotos y vídeos que subes? ¿Has pensado alguna vez en quién está realmente detrás de Facebook?

domingo, 20 de septiembre de 2009

Setenta balcones y ninguna flor, Baldomero Fernández Moreno

Leyendo al poeta Baldomero Fernández Moreno, Mario Benedetti descubrió que él también podía serlo, que las poesías que leía estaban hechas con lo mismo que estaban hechas sus penas y sus alegrías.

Soneto de tus vísceras , Baldomero Fernández Moreno

Harto ya de alabar tu piel dorada,
tus externas y muchas perfecciones,
canto al jardín azul de tus pulmones
y a tu tráquea elegante y anillada.


Canto a tu masa intestinal rosada
al bazo, al páncreas, a los epiplones,
al doble filtro gris de tus riñones
y a tu matriz profunda y renovada.


Canto al tuétano dulce de tus huesos,
a la linfa que embebe tus tejidos,
al acre olor orgánico que exhalas.


Quiero gastar tus vísceras a besos,
vivir dentro de ti con mis sentidos...
Yo soy un sapo negro con dos alas.

Aromas, Baldomero Fernández Moreno

Cuando regreso a casa no me lavo las manos
si es que he estado contigo un instante no más,
el aroma retengo que tú dejas en ellas
como una joya vaga o una flor ideal.

Por aquí huelo a rosas y por allá a jazmines,
alientos de tus ropas, auras de tu beldad,
aproximo una silla y me siento a la mesa
y sabe a ti y a trigo el bocado de pan.

Y todo el mundo ignora por qué huelo mis manos
o las miro a menudo con tanta suavidad,
o las alzo a la luna bajo las arboledas
como si fueran dignas de hundirse en tu cristal.

Y así hasta media noche cuando vuelvo rendido
pegado a las fachadas y me voy a acostar,
entonces tengo envidia del agua que las lava
y que, con tu perfume, da un suspiro y se va.

Baldomero Fernández Moreno, Biografía


Su nombre completo era el de Baldomero Eugenio Otto Fernández Moreno; se quitó tres de ellos pra la vida de las letrs, y quedó Fernández Moreno. Poeto y prosista. Nació en Buenos Aires, el 15 de noviembrede 1886. A los seis años de edad, fue llevado a España, vivió en Barcelona hasta 1896, y desde entonces en Madrid, donde realizó sus estudios secundarios. A fines de 1899, regresó a la Argentina, ingresando a la Universidad de Buenos Aires; siguió los estudios hasta graduarse de médico en 1912. Comenzó a ejercer en la campaña, radicándose en Chascomús, y luego en Catriló ( La Pampa). En 1915, apareció su primer libro Las iniciales del misal, al que seguiría en 1916, Intermedio provinciano, elogiado por Leopoldo Lugones. Establecido nuevamente en la capital, habitó la casa de la Av. Rivadavia 8897, esqu. Juan F. Olmos, durante un cuarto de siglo. Ocupado en su profesión, en 1917, publicó Ciudad, significativa recopilación de poesías íntegramente dedicadas a una visión extraordinaria de Buenos Aires. Vinieron luego: Por el amor y por ella (1918); Campo Argentino (1919); Versos a Negrita (1920); Nuevos Poemas (1921); Mil novecientos veinte y dos y Cantos de amor, de luz, de agua (1922). Entre 1921 y 1924, volvió a residir en Chascomús, donde escribió Aldea española que obtuvo el Primer Premio Municipal. En esta postrer fecha se avecindó definitavemente en Buenos Aires y anbandonó la medicina; desde entonces, hasta su muerte, vivió de unas cátedras de literatura e historia en la enseñanza secundaria. Escribió El hijo (1926); Décimas y poesías (1928); Sonetos y Ultimo cofre de Negrita (1929) y Cuadernillo de verano (1931). En 1934, ingresó como miembro de número a la Academia Argentina de Letras. Logró el primer Premio Nacional de Poesía con sus obras: Dos poemas (1935) y Romances y Seguidillas (1936). A consecuencia de una desgracia familiar Fernandez Moreno cayó a partir de 1937, en un estado de profunda depresión nerviosa, que se prolongó hasta fines de 1939. Durante ese tiepo publicó Penumbra, libro cuyo tema central es la muerte. En 1938, apareció Continuación; Yo, médico; yo catedrático; San José de Flores, barrio donde volvió a residir desde 1938 en un palacete de Francisco Bilbao 2384. El poeta comenzó a publicar en 1941, su Obra ordenada, que comprende toda su producción corregida y sistematizada. Ese mismo año, apareció en Buenos Aires, ciudad pueblo, campo, y en 1943, La Patria desconocida, su primer libro en porsa. En 1949, editó Parva, que mereció el Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores, que le fue entregado en junio de 1950. Al recibirlo pronunció un extraordinario discurso que ha quedado como su bellísima despedida, pues murió el 7 de julio de dicho año. Dejó entre otros libros inéditos la Guía Caprichosa de Buenos Aires, que son apuntes de un caminante. Con precisión surgen el parque Lezama, Las Catalinas, la avenida 9 de Julio, la parroquia de la Concepción, la calle Yapeyú, en Almagro; el callejón de San Lorenzo, y una glicina en la calle Sarmiento. Cutolo, Vicente Osvaldo, Buenos Aires: historia de las calles y sus nombres, Tomo I, Editorial Elche, Buenos Aires, 1988.

sábado, 19 de septiembre de 2009

Mi Viejo , Piero

Dedicado a mi viejo y a mis hijos....
Por los momentos compartidos, las alegrias , las tristezas, los silencios......

jueves, 17 de septiembre de 2009

Alfonsina y el mar, canta Mercedes Sosa

Alfonsina y el mar (Félix Luna - Ariel Ramírez)

Dolor, Alfonsina Storni

Quisiera esta tarde divina de octubre
pasear por la orilla lejana del mar;
que la arena de oro, y las aguas verdes,
y los cielos puros me vieran pasar.

Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera,
como una romana, para concordar
con las grandes olas, y las rocas muertas
y las anchas playas que ciñen el mar.

Con el paso lento, y los ojos fríos
y la boca muda, dejarme llevar;
ver cómo se rompen las olas azules
contra los granitos y no parpadear;

ver cómo las aves rapaces se comen
los peces pequeños y no despertar;
pensar que pudieran las frágiles barcas
hundirse en las aguas y no suspirar;

ver que se adelanta, la garganta al aire,
el hombre más bello, no desear amar...

Perder la mirada, distraídamente,
perderla y que nunca la vuelva a encontrar:
y, figura erguida, entre cielo y playa,
sentirme el olvido perenne del mar.

La caricia perdida , Alfonsina Storni

Se me va de los dedos la caricia sin causa,
se me va de los dedos... En el viento, al pasar,
la caricia que vaga sin destino ni objeto,
la caricia perdida ¿quién la recogerá?

Pude amar esta noche con piedad infinita,
pude amar al primero que acertara a llegar.
Nadie llega. Están solos los floridos senderos.
La caricia perdida, rodará... rodará...

Si en los ojos te besan esta noche, viajero,
si estremece las ramas un dulce suspirar,
si te oprime los dedos una mano pequeña
que te toma y te deja, que te logra y se va.

Si no ves esa mano, ni esa boca que besa,
si es el aire quien teje la ilusión de besar,
oh, viajero, que tienes como el cielo los ojos,
en el viento fundida, ¿me reconocerás?

A finales del siglo XIX el matrimonio formado por Alfonso Storni y Paulina Martignoni, ambos de nacionalidad suiza, se unió a la ola de inmigrantes europeos que por ese entonces emigraban a la Argentina en busca de un futuro prometedor. Se instalaron en la ciudad de San Juan y allí nacieron sus dos primeros hijos. Sin embargo, en 1890 decidieron regresar a su país natal y se asentaron en un pequeño pueblo llamado Sala Capriasca, ubicado en la Suiza italiana. Allí nació Alfonsina, el 29 de mayo de 1892. Cuatro años después, la familia decidió viajar de nuevo a San Juan donde residirá hasta 1900, año en que se trasladó a la ciudad de Rosario en busca de nuevas oportunidades.

Alfonsina creció en un ambiente de estrechez económica y por ello, cerca de los once años, tuvo que abandonar sus estudios y ayudar a su madre que trabajaba como modista para compensar la falta de recursos causada, en gran medida, por la inestabilidad laboral y emocional de Alfonso Storni. En 1906, cuando muere su padre, Alfonsina entra a trabajar como aprendiza en una fábrica de gorras. Más adelante comienza a trabajar en el teatro y llega a formar parte de la compañía del actor español José Tallaví. De esta forma, desde muy joven adquiere conciencia de que debe trabajar duro para ganarse el pan. Sin embargo, no la abandona su deseo de estudiar y en 1909 se matricula en la Escuela Normal Mixta de Maestros Rurales de Coronda, donde también ocupa el cargo de celadora. Al año siguiente obtiene el título de maestra rural e inicia sus prácticas en la ciudad de Rosario.

En esta época empieza a publicar sus primeros poemas en revistas locales pero muy pronto, cuando le faltan pocos meses para cumplir los veinte años, abandona Rosario y toma el tren rumbo a Buenos Aires: embarazada de un hombre casado y veinticuatro años mayor que ella, está decidida a empezar de nuevo en la capital argentina. Desde ese momento hasta su muerte, afrontará la vida como madre soltera pasando por alto los prejuicios morales de una sociedad hipócrita y estrecha.

Durante sus primeros años en Buenos Aires debe ajustar las exigencias domésticas y la crianza de su hijo a su incorporación al mundo literario; además trabaja, primero como cajera en una farmacia y en una tienda, y después como «corresponsal psicológico» en una empresa importadora de aceite de oliva. En 1916 aparece su primer libro, La inquietud del rosal; asimismo, consigue sus primeras colaboraciones literarias en Fray Mocho, Caras y Caretas, El Hogar, Mundo Argentino, que la ayudan a llegar a fin de mes y la estimulan intelectualmente. También establece amistad con reconocidos intelectuales de pensamiento socialista, como Manuel Ugarte y José Ingenieros, y empieza a recitar sus poemas en bibliotecas de barrio.

En 1919 se hace cargo de una sección fija en la revista La Nota y más tarde en el periódico La Nación, en las que escribe de las mujeres y del lugar que merecen en la sociedad: «Llegará un día en que las mujeres se atrevan a revelar su interior; este día la moral sufrirá un vuelco; las costumbres cambiarán» (en «Cositas sueltas»). A menudo se refiere, no sin ironía, a la actitud de las mujeres huecas; por ejemplo, en «Diario de una niña inútil» habla de las vidas tediosas y superficiales de las caza-novios. Asimismo, escribe sobre el derecho al voto femenino —que las leyes argentinas no aprobarán hasta el año 1946— y cuestiona las pesadas tradiciones que les impide a la mayoría de mujeres a elegir un camino más allá del matrimonio. De hecho, en sus artículos adopta un periodismo combativo y en más de una ocasión enfatiza que lo primero que se tiene que hacer para cambiar la situación de las mujeres es romper con los tópicos, los arquetipos, los lugares comunes que la sociedad patriarcal espera de ellas y para ello las insta a demostrar que son seres pensantes.

Estas ideas, en la década de los años veinte, y en Hispanoamérica, resultaban realmente innovadoras. De allí que las mujeres de su tiempo se dividieran ante su actitud libre y desprejuiciada: unas la admiraban y otras la consideraban peligrosa. Es posible que sus artículos lleguen a desencantar a sus lectoras del siglo XXI, pero no se puede prescindir de estos ya que muestran sus convicciones feministas, muchas veces planteadas en formas heterodoxas, humorísticas e irónicas: llega a afirmar que incluso aquellas mujeres que justifican su rechazo al feminismo ya están siendo feministas.

A lo largo de estos años, Alfonsina trabaja intensamente: publica poesía, dicta conferencias y se desempeña como profesora en escuelas públicas, primero en el colegio Marcos Paz y la Escuela de Niños Débiles del parque Chacabuco y, más adelante, en el Instituto de Teatro Infantil Labardén y la Escuela Normal de Lenguas vivas. A partir de 1926 dispondrá también de una cátedra en el conservatorio de Música y Declamación donde impartirá clases de Arte escénico, mientras que por las noches dará clases de castellano y aritmética en Escuela de Adultos Bolívar.

A mediados los años veinte sufre una crisis de agotamiento físico y emocional debido al exceso de trabajo. Se le recomienda descanso absoluto y así comienzan sus reposos anuales en Mar del Plata y Córdoba. Pero esos reposos duran poco: Alfonsina necesita de su trabajo para vivir y sacar adelante a su hijo. No obstante, a pesar de sus crisis nerviosas y, sobre todo, gracias a su empeño, a finales de la década de los años veinte Alfonsina ha logrado convertirse en una mujer profesional consolidada en el mundo intelectual de Buenos Aires, un mundo dominado por hombres. Por aquel tiempo asiste ya a las reuniones y comidas del grupo Anaconda, con Horacio Quiroga (con quien llegó a compartir una intensa relación), Enrique Amorim, Emilio Centurión, etc. También participa activamente en las tertulias artísticas lideradas por Benito Quinquela Martín en el café Tortoni y en las del grupo Signo, realizadas en el hotel Castelar. En estas últimas conoce a Ramón Gómez de la Serna y a Federico García Lorca; allí también suele divertirse cantando algún tango o jugando al truco con sus amigos.

La obra poética de Alfonsina es el mejor legado para intentar comprender su vida, marcada por la lucha cotidiana. Sin embargo, pasó por un largo proceso de aprendizaje poético para realmente fundir la voz de la mujer moderna que ella era, con la voz interna de sus poemas. Sus primeros cuatro poemarios (La inquietud del rosal, El dulce daño, Irremediablemente, Languidez), publicados entre 1916 y 1920, todavía imitan el estilo romántico-modernista, herencia de sus lecturas rubendarianas y de otros autores modernistas como Amado Nervo; en ellos se respira la fragancia del lenguaje preciosista (cisnes, oro, perlas, lunas). La mayoría de sus poemas de esta época se ajustan al llamado «poema de amor», formato plagado de clichés anticuados y excesivamente románticos que en ese entonces prevalecían en la escritura femenina, la de las llamadas «poetisas», la forma común con que se designaba a las mujeres poetas para diferenciarlas de «los poetas», y una manera de colocarlas en un subgénero literario. En esos años no era común que la mujer escribiera pero, si lo hacía, debía ajustarse a las formas tradicionales sin sobrepasar los límites que dividían al amor ingenuo del deseo puro; en otras palabras, debían esconderse bajo expresiones sentimentales que no resultaran peligrosas para el público asustadizo. Aunque Alfonsina en esta primera etapa escribió dentro de este estilo particular, es justo decir que estos primeros poemarios nacen, ante todo, de profundos temas humanos, de experiencias vividas; en definitiva, poemas sinceros y autobiográficos (en «La loba», por ejemplo, hace alusión directa a su supuesta maternidad ilícita). Así, más que en lo artificioso y literario, Alfonsina ahonda en el vértigo del mundo emocional a la par de lo cotidiano (como en «Sábado» o «Tempestad»). El resultado: poemas de tono íntimo y doméstico donde también sobresalen temas transgresores como el deseo femenino que le valieron los más duros comentarios por parte de la crítica tradicional, la doble moral a la que está sometida la virginidad de la mujer («Tú me quieres blanca»), la igualdad erótica entre los sexos y el derecho de independencia de ellas («Hombre pequeñito»), la posición subordinada y el legado de silencio heredado por las mujeres («Bien pudiera ser»). Y, por supuesto, su constante obsesión por la muerte («Oh muerte, yo te amo, pero te adoro vida... », nos dice en «Melancolía»).

Por lo tanto, a pesar que adoptó este formato tradicional, deformó sus contenidos ideológicos para dar cabida a un nuevo modelo de mujer, una que, sí, en ocasiones se sometía al hombre y le esperaba con regocijo de amante, pero que también libraba batallas, se autoabastecía de las cosas de la vida, deseaba pieles y olores, experiencias, y aceptaba derrotas para luego erguirse soberbia y altiva ante las vicisitudes. Las contradicciones evidentes en estos poemarios tuvieron que ver con aspectos biográficos: aunque para entonces ya era una mujer independiente, también anhelaba ser amada (sus relaciones amorosas siempre fueron malogradas); en pocas palabras, ansiaba ternura y aceptación. El hombre será, en este sentido, el amado enemigo, y la sociedad, una entidad que no alcanzará a comprender su diferencia. Por eso su rebeldía, su subversión, la expresará por medio de la burla y la risa ácida («¿Qué diría?»). Sin embargo, a veces su excesiva sensibilidad traicionará su fortaleza y sufrirá, como ya se ha dicho, recurrentes crisis nerviosas causadas también por el exceso de trabajo.

El giro de su estilo poético comenzará a identificarse en Ocre, publicado en 1925 —a sus treinta y tres años— donde se muestra más introspectiva; el sufrimiento identificado en estos versos es menos estridente y sus autorretratos, irónicos. Como telón de fondo, toma fuerza la forma en que percibe la libertad de su cuerpo en una cultura conservadora; en una trilogía se atreve a elaborar una teoría sexual: «La rueda», «La otra amiga», «Y agrega la tercera». Para entonces ha descubierto que la causa de sus dolores no es el hombre sino ella misma; sospecha que este sólo le dará amor efímero e incomprensión y ha aprendido a aceptar este impasse entre las relaciones, la tiene sin cuidado porque precisamente vive su mejor momento: ha sabido salir adelante sola con su hijo (con quien mantiene una estrecha relación), es miembro de los grupos literarios y colaboradora de las revistas y periódicos más prestigiosos, es reconocida en las calles por sus lectores, aparece en reportajes y entrevistas de páginas enteras, se gana la vida ejerciendo su profesión de maestra, tiene buenos amigos y se ha ganado un lugar indiscutible en el ambiente cultural bonaerense. Se siente rodeada de aceptación y cariño, aunque algunos críticos todavía insisten en tacharla de inmoral.

Pero las cosas comienzan a cambiar a finales de esa década: su primera obra de teatro, El amo del mundo, estrenada en 1927, fue duramente criticada debido, entre otras cosas, a la mala interpretación que se hizo de las ideas feministas expuestas en ella. A los tres días se suspendieron las presentaciones y los cronistas la despedazaron; uno de ellos escribió: «Alfonsina Storni denigra al hombre». Ella, dolida e indignada, se defenderá en un artículo titulado «Entretelones de un estreno». Por otro lado, desde algunos años atrás, Alfonsina también recibía la crítica de la nueva estética argentina, es decir, los ultraístas en torno a la revista Martín Fierro, liderados nada más y nada menos que por un joven y talentoso Jorge Luis Borges. El Ultraísmo, que abogaba por un lenguaje metafórico donde la imagen era la protagonista absoluta, no podía tener afinidad con el estilo de Alfonsina, más inclinado a la confesión, hijo de la resaca modernista. Los martinfierristas a menudo la tildaron de cursi y se burlaron de ella en su famosa sección «Parnaso satírico». Su fracaso teatral y los dardos de la nueva generación de escritores fueron sin duda tragos amargos para Alfonsina.

No volvió a publicar otro poemario hasta 1934, nueve años después de Ocre. En los últimos años se había interesado por autores más contemporáneos y en 1930 y 1932 realizó viajes a Europa que le permitieron conocer el trabajo de la Generación del 27. Pronto descubrió una nueva forma de escribir, una más acorde a sus vaivenes interiores de ese momento. Así encarnó una metamorfosis maravillosa y evolucionó de «poetisa» a «poeta»: al fin la mujer liberada y la autora, ahora libre de su estilo anterior, se mezclaron en una sola voz. Mundo de siete pozos fue toda una revelación: Alfonsina adoptó una forma más visual de representar las emociones: juegos de imágenes dentro de un mundo precario e inestable, donde los pozos —ojos, oídos, boca, fosas nasales— por los cuales llega a nuestro cerebro la percepción del mundo son cargados de violencia y tensión; la angustia metafísica se convierte en la espina dorsal de los poemas («Agrio está el mundo, / inmaduro, / detenido»), una angustia que llega hasta nosotros por medio de representaciones de mariposas ebrias y mejillas musgosas. En este poemario también son recurrentes los motivos de ciudad: las avenidas, el transporte público, claras alusiones a la modernidad.

Cuatro años después, y un mes antes de su muerte, publica Mascarilla y trébol, donde culmina la aventura vanguardista aunque en el fondo de un abismo: en este último libro la realidad aparece rodeada de imágenes oscuras, a veces grotescas. Y esto se comprende teniendo en cuenta el momento biográfico por el que pasaba su autora: en 1935 se le diagnosticó un cáncer de pecho y debió someterse a una operación quirúrgica en la que perdió su seno derecho. El hecho de tener que pasar por una mutilación física para seguir viva, la marcó profundamente. En los dos años siguientes a la operación, presiente la cercanía de la muerte ya que su salud empeora de manera irremediable. Por lo tanto, Mascarilla y trébol, escrito en estado casi de trance ante la certeza de morir, tiene un tono de reconciliada despedida. Pero al mismo tiempo la arrinconan el dolor físico y la desazón anímica. No ayuda para nada que su amigo Horacio Quiroga, la hija de este, Eglé (a quien Alfonsina profesaba un cariño especial), y su enemigo literario, Leopoldo Lugones, hayan decidido quitarse la vida; Quiroga en 1937, Eglé y Lugones unos meses antes que ella.

Alfonsina, por lo visto, consideraba que el suicidio era una elección concedida por el libre albedrío: en un poema dedicado a Quiroga expresa su admiración por la valiente decisión del escritor. De esta forma, en octubre de 1938, se marcha a Mar del Plata, supuestamente a descansar. Una noche, después de unas horas de intenso dolor, llama a la asistenta de la pensión donde se hospeda y le dicta una carta para su hijo. En la madrugada del 25 de octubre, Alfonsina, de cuarenta y seis años, bajo una lluvia torrencial, se arroja al mar desde un espigón dejando como testamento un poema, «Voy a dormir», y una carta de despedida a su hijo Alejandro.

martes, 15 de septiembre de 2009

No puedo suprimir....

No puedo suprimir los recuerdos
o ignorarlos,
dulces y amargos
están guardados en la memoria.

No puedo quitar
palabras,
silencios,
gestos,
deambulan por mis venas
por mi sangre,
inundan mi corazón.

No puedo bajar los párpados,
conformarme
con una vida mediocre
en sentimientos
y desechar la vida.

Atravieso el horizonte
para salvarme
o para salvarte a ti
del olvido.

sábado, 12 de septiembre de 2009

Lo fatal, Ruben Darío

A René Pérez

Dichoso el árbol que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura, porque ésa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror…
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,
¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!…

Cantos de vida y esperanza, Ruben Darío

Yo soy aquel que ayer no más decía
el verso azul y la canción profana,
en cuya noche un ruiseñor había
que era alondra de luz por la mañana.

El dueño fui de mi jardín de sueño,
lleno de rosas y de cisnes vagos;
el dueño de las tórtolas, el dueño
de góndolas y liras en los lagos;

y muy siglo diez y ocho y muy antiguo
y muy moderno; audaz, cosmopolita;
con Hugo fuerte y con Verlaine ambiguo,
y una sed de ilusiones infinita.

Ruben Darío, Biografía


Nació en Metapa, Nicaragua, que hoy lleva el nombre de Ciudad Darío, el 18 de enero de 1867. Sus padres, Manuel Darío y Josefa Sarmiento, se separaron cuando era apenas un niño, y fue criado por su abuela en León, lugar al que siempre consideró el de su origen.


Con apenas 14 años, su abuela lo presentó en Managua, donde fue reconocido por sus dotes literarias y artísticas, como un prodigio. Era creativo, memorioso, recitaba poesía y leía a poetas franceses.

Viajó por Europa y América, representando a su país, como cónsul y embajador.

En 1886, viajó a Chile, donde publicó “Abrojos”, “Canto épico a las gloria de Chile”, y “Rimas”, todas en 1887. En 1888 “Azul…”fue su primer gran libro, elogiado por la crítica, sobre todo por el escritor español, Juan Valera y el uruguayo José Enrique Rodó.

De regreso a Managua, contrajo enlace, en 1891, con Rafaela Contreras, con quien tuvo su primer hijo, pero lo dejó viudo en 1893. Volvió a casarse en Madrid, en el año 1900, con Francisca Sánchez, que lo hizo padre por segunda vez, y fue su compañera durante el resto de su vida.

Representó al gobierno nicaragüense en 1892, en los actos de celebración del IV centenario del descubrimiento de América. Así fue siendo reconocido a nivel mundial, fama que fue creciendo tras sucesivos viajes por Estados Unidos, Chile, Francia y Argentina, donde tras radicarse en Buenos Aires, colaboró con el diario “La Nación”, lo que le permitió volver a España en 1898, como corresponsal.

Tras su paso por París, su poesía se volvió más universal, ya que los poetas parnasianos y simbolistas dejaron su impronta en su creatividad. Abundaron en sus obras imágenes exóticas, metáforas, símbolos y figuras retóricas. Fue proclamado por sus colegas como el padre del modernismo.

Su poesía muestra los gustos y sentimientos de su época, en forma refinada y elevada, abundando los elementos decorativos y las resonancias musicales. El arte es convertido por su pluma en un triunfador sobre el amor, y también sobre la naturaleza, restableciendo el orden y la armonía, cuando lo natural se presenta caótico.

Es también un poeta cívico, exaltando héroes y hechos nacionales, tomando una posición crítica, con respecto a la realidad socio-política.

Figuran entre sus creaciones: “Abrojos”, “Canto épico a las gloria de Chile” y “Rimas”, dedicada a Becker , todas de 1887. En 1888, “Azul…”, surgió de su romántico pensamiento, para exaltar el amor. Este fue el libro que lo consagró como creador del modernismo. En 1896-1901, “Prosas profanas y otros poemas”, consagraron el triunfo del arte por sobre el amor. En 1901 publicó “Peregrinaciones”.
El arte restableció el orden de la naturaleza en “Cantos de vida y esperanza”, publicado en 1905. En 1910 apareció “Poemas de otoño”. Nació en 1907 “El canto errante”, donde afrontó los eternos problemas de la humanidad y en 1913 “La isla de oro”.

La Argentina también fue parte de su inspiración poética, a la que como homenaje a su centenario le dedicó “Canto a la Argentina y otros poemas” (1914). Su obra, también expresó en muchos casos ideas de compromiso y toma de posición, como en “A Colón”, donde se opuso al descubrimiento expresando su horror. En “A Roosevelt”, evaluó a latinos y anglosajones.

Fue nombrado representante diplomático de Nicaragua en Madrid, en 1907, pero en 1913 fue aquejado por una crisis religiosa y mística, que lo recluyó en Palma de Mallorca.

Regresó a Nicaragua en 1915, a causa del estallido de la Primera Guerra Mundial, pero el alcohol y la enfermedad erosionaron su cuerpo y falleció en León (Nicaragua), el 6 de febrero de 1916.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Operación Pandemia - Gripe A

un documental de Julián Alterini. ¿Qué se esconde detrás de la gripe porcina? ¿Por qué la insistencia? . Realizado en julio del 2009.

Llueve......

Llueve.
Me gusta ver llover
Y colocarme detrás
de una ventana
y mirar.
Mirar la gente pasar
con sus pilotos
y sus paraguas
luchando
con la lluvia y el viento.
Mirar,
algun barquito de papel
navegar por el agua
lleno de ilusiones
balancearse y perderse.
Mirar,
el cristal
salpicado por la lluvia
y ver el rostro
de una chica al pasar.
Asi me quedaria
mucho tiempo
mirando la lluvia.

Biografia Charles Baudelaire

Trabajo realizado para un curso de Estética... fue el uuuuuultimo examen del 2006... sí, terminé 4º año de periodismo en la UDP.

martes, 8 de septiembre de 2009

El Enemigo, Charles Baudelaire

11. El enemigo

Mi juventud no fue sino un gran temporal
Atravesado, a rachas, por soles cegadores;
Hicieron tal destrozo los vientos y aguaceros
Que apenas, en mi huerto, queda un fruto en sazón.

He alcanzado el otoño total del pensamiento,
y es necesario ahora usar pala y rastrillo
Para poner a flote las anegadas tierras
Donde se abrieron huecos, inmensos como tumbas.

¿Quién sabe si los nuevos brotes en los que sueño,
Hallarán en mi suelo, yermo como una playa,
El místico alimento que les daría vigor?

-¡Oh dolor! ¡Oh dolor! Devora vida el Tiempo,
Y el oscuro enemigo que nos roe el corazón,
Crece y se fortifica con nuestra propia sangre.

La Destrucción, Charles Baudelaire

De "Flores del mal":

128. La destrucción

A mi lado sin tregua el Demonio se agita;
En torno de mi flota como un aire impalpable;
Lo trago y noto cómo abrasa mis pulmones
De un deseo llenándolos culpable e infinito.

Toma, a veces, pues sabe de mi amor por el Arte,
De la más seductora mujer las apariencias,
y acudiendo a especiosos pretextos de adulón
Mis labios acostumbra a filtros depravados.

Lejos de la mirada de Dios así me lleva,
Jadeante y deshecho por la fatiga, al centro
De las hondas y solas planicies del Hastío,

Y arroja ante mis ojos, de confusión repletos,
Vestiduras manchadas y entreabiertas heridas,
¡Y el sangriento aparato que en la Destrucción vive!

Charles Baudelaire, Biografía


Nace en París el 9 de abril de 1821. Su padre, Joseph François, era un sacerdote que había colgado los hábitos. Hombre de amplia cultura, fue luego preceptor, profesor de dibujo, pintor y jefe del Despacho de la Cámara de los Pares. Fue quien le enseñó las primeras letras. Cuando nació Baudelaire tenía más de sesenta años y otro hijo de su primer matrimonio llamado Claude Alphonse.

Su madre, Caroline Archimbaut-Dufays, no había cumplido los treinta años al nacer el poeta. Hija de emigrados franceses a Londres durante la revolución del 93, enseñó inglés a su hijo.

Es criado por Mariette, sirvienta de la familia, a la que evoca en el poema "A la sirvienta de gran corazón que te daba celos" de su conocido poemario Las flores del mal.

El poeta tiene 6 años cuando su padre muere en 1827 dejando una discreta herencia. Su viuda se cambia de domicilio y a los veinte meses de enviudar, contrae matrimonio con el comandante Jacques Aupick, vecino suyo, de cuarenta años, un oficial que llegará a ser general comandante de la plaza fuerte de París.

Este nuevo matrimonio de su madre producirá un profundo impacto emocional en Baudelaire, que lo vivió como un abandono, manifestando siempre aversión por este padrastro con el que nunca llegará a tener buenas relaciones.

En 1830 con las jornadas revolucionarias Aupick es ascendido a teniente coronel por su participación en la campaña de Argelia, y dos años después nombrado jefe de Estado Mayor y se traslada con su familia a Lyon, donde vivirá cuatro años.

Se forma un consejo de familia para decidir sobre el futuro del niño, que inicia sus estudios en el Colegio Real de Lyon, de cuyo ambiente no guardará buen recuerdo: se aburre y escapa soñando de su en cierro, dando rienda suelta a su imaginación.

En 1836 Aupick asciende a general de Estado Mayor, volviendo con su familia a París, donde el niño es internado en el Colegio Louis-le-Grand. Su madre se va volviendo cada vez más rígida y puritana, haciéndose a la personalidad de Aupick.

Durante dos años y medio permanece en el Colegio Louis-le-Grand. Allí lee a Sainte-Bauve, a Chenier y a Musset, a quien criticará mucho más tarde. Es expulsado del colegio por una falta cuyo carácter se desconoce. En agosto obtiene el título de Bachiller superior.

En 1840, con 19 años, se matricula en la Facultad de Derecho, comienza a frecuentar a la juventud literaria del Barrio Latino y entabla sus primeras amistades literarias con Gustave Le Vavasseur y Ernest Prarond. También conoce a Gérard de Nerval, de Sainte-Beuve, de Théodore de Banville y a Balzac y empieza a publicar en los periódicos en colaboración y anónimamente. Intima con Louis Menard, dedicado a la vivisección de animales y a la taxidermia. Comienza también a llevar una vida disipada, caracterizada por sus continuos choques con el ambiente familiar y por su inclinación hacía las drogas y el ambiente bohemio. Empieza a frecuentar los prostíbulos. Mantiene una extraña relación con una prostituta judía del Barrio Latino llamada Sarah, a la que denomina Louchette por su bizquera, y que probablemente contagió su sífilis al poeta. Aparece en el poema "Una noche que estaba junto a una horrible judía" de Las flores del mal.

Sus calaveradas horrorizan a su familia burguesa, especialmente al probo militar que es Aupick. A pesar de que su padrastro le apoya, rechaza entrar en la carrera diplomática. No quiere ser sino escritor. La conducta desordenada del joven mueve a sus padres a distanciarle de los ambientes bohemios de París. Le envían a Burdeos para que embarque en el paquebote Mares del Sur, al mando del comandante Sauer, en una travesía que había de llevarle a Calcuta y durar dieciocho meses. Viaja con comerciantes y oficiales. El joven Baudelaire adopta actitudes provocativas e impertinentes; se siente aislado y sólo habla para expresar su deseo de regresar a París. El barco ha de afrontar una violentísima tempestad. Estancia en la isla Mauricio, al este de Madagascar, donde conoce a una señora casada para quien escribe "A una dama criolla". Asustado el comandante del barco por el efecto psicológico negativo que el viaje produce en el poeta, consiente en hacerle regresar a Francia desde la isla Reunión en otro barco, L´Alcide. Escribe "El albatros". El viaje dura desde finales de marzo de 1841 hasta febrero de 1842.

Para alejarlo de este ambiente y librarse de este joven conflictivo, su familia lo envían a Calcuta, pero Baudelaire, nostálgico y enfermo se detiene en la Isla Mauricio y regresa a Francia. Un consejo de familia, bajo la presión del general Aupick, lo envía a las Indias, en 1841, a bordo de un navío mercante. Pero Charles Baudelaire no quiere probar la aventura en el confín del mundo. No desea más que la gloria literaria. Durante una escala en la Isla de la Reunión, no acude a presencia del capitán

En 1842, nuevamente en París, entabla amistad con Thèophile Gautier y Thèodor de Banville. Alcanza la mayoría de edad, percibe la herencia paterna de 75.000 francos y se independiza. Abandona el piso familiar, instalándose en un pequeño apartamento.

Reanuda su vida bohemia y ejerce de dandy. Vuelve al ambiente de los bajos mundos. Las mujeres que llenan este periodo de su vida son pequeñas aventureras y prostitutas, como Jeanne Duval, una actriz mulata que representa un papel muy secundario en un vodevil del Teatro Partenon a quien conoce en 1843. A pesar de la vulgaridad, de frecuentes desavenencias y de las infidelidades de la mulata, Baudelaire vuelve siempre a ella y durante toda su vida estaría ligado a este insignificante mujer. Desempeñará un papel fundamental en la vida del poeta. sus mejores poemas son paradójicamente el fruto de estos oscuros amores, que aparece en los poemas "Perfume exótico", "La cabellera", "Te adoro igual que a la bóveda nocturna", "Meterías al universo entero en tu callejuela", "Sed non satiata", "Con sus ropas ondulantes y nacaradas", "La serpiente que danza", "El vampiro", "Remordimiento póstumo", "El gato", "Duellum", "El balcón", "Un fantasma", "Te doy estos versos para que si mi nombre" y "Canción de primeras horas de la tarde". Probablemente inspira también al poeta los poemas "El bello navío", "La invitación al viaje" y "La Beatriz".

Económicamente va de fracaso en fracaso, dilapidando la fortuna heredada de su padre. Baudelaire es brillante, de conversación sorprendente, pero su gran imaginación lo convierte en mitómano; su viaje a la India, sus amores inauditos, su vicio y perversidad, su homosexualismo, sus proyectos editoriales, formn parte de su vida.

Dilapida la herencia y contrae numerosas deudas, por lo que su madre y el general Aupick obtienen en 1844 de los tribunales que sea inhabilitado y sometido a un consejo judicial. Su dinero pasa a ser administrado por su padrastro. Se le entrega una cantidad trimestral de seiscientos francos.

Para eludir el control financiero publica anónimamente artículos en la prensa. En colaboración con Prarond escribe un drama en verso, Ideolus, que deja sin acabar. Baudelaire, privado de recursos y humillado, no se repondrá. Se ve obligado a rehuir a sus acreedores, mudándose, escondiéndose en casa de sus amantes, trabajando sin descanso sus poemas intentando mientras tanto ganarse la vida publicando.

Baudelaire escribió sus primeros poemas a la vuelta de su viaje del Caribe aunque en un principio se dedicó sobre todo a la critica artística. Fruto de esto fue la publicación en 1846 de algunos de sus ensayos, llenos de sensibilidad y de penetración, bajo el titulo de "Los Salones". En ella loa a su amigo Delacroix, entonces aún muy discutido, critica a los pintores oficiales, y analiza las obras de otros artistas contemporáneos suyos como una serie sobre caricaturistas franceses, en los que defiende con pasión a Honoré Daumier. También se interesa por le pintor impresionista Edouard Manet y por la música de Wagner, de quien fue el primer introductor en Francia. Le escribió una carta expresándole su admiración, tras haber asistido a tres conciertos, además de un ensayo.

Publica sonetos, uno de ellos, "A una dama criolla", con su verdadero nombre, así como un artículo sobre Balzac.

Publica en Le Corsaire-Satan un conjunto de aforismos y en L´Espirit Public, Consejos a los jóvenes literatos. Fustiga a los autores moralistas y moralizantes.

Aparece su novela corta "La fanfarlo", donde el poeta, tras el personaje de Samuel Cramer, se retrata como un dandy.

En 1845, histérico, ensaya el suicidio en un cabaret ante un grupo de amigos, donde se hace un corte con un puñal. Su padrastro, por miedo al escándalo, le paga sus deudas y le lleva a vivir con él y con su madre en la elegante plaza Vendôme. Pero pronto volverá a vivir solo.

Descubre la obra de Edgar Poe, que muere poco después y a quien no pudo conocer, a pesar de considerarle su alma gemela. Poe se le asemeja, y, durante diecisiete años, va a traducirla y revelarla. Así comienza a ganarse el reconocimiento de la crítica.

Conoce a Marie Daubrun, muchacha bonita y honesta, actriz del Teatro de la Gaîte, que sostiene con su trabajo a su familia. El poeta sentirá por ella un amor platónico o una amistad idílica. Le dedicará el poema "Canto de otoño".

Asiduo a círculos literarios y artísticos, uno de ellos en casa de Aglae Sabatier, llamada la Presidenta, amante de un banquero, por la que el poeta experimentará un amor ideal y platónico. A ella dedicará posteriormente los poemas "A la que es demasiado alegre", "Reversibilidad", "El alba espiritual" y "Confesión". Visita muy a menudo el salón de la viuda Marie Sabatier y conoce a Musset, Flaubert y Gautier, entre otros artistas. Un breve idilio con una mujer interesante, Madame Sabatier, amante de un amigo del poeta que reunía en su casa a un grupo de escritores y artistas, lo quiebra rápidamente. Cuando madame Sabatier accede a las pretensiones amorosas del poeta, éste la rechaza, pero sigue manteniendo con ella una entrañable amistad.

Durante la revolución de 1848 Baudelaire es visto en las barricadas y tratando de agitar al pueblo para que fusilen a su padrastro. Publica en Le Salut Publique, periódico de tendencia socialista, y se afilia a la Sociedad Republicana Central, fundada por Blanqui. Durante la revolución hace amistad con el pintor Courbet, que pintará un retrato del poeta, y con Poulet-Malassis, también que participó activamente en la insurrección e influirá en su vida, será el editor de Las Flores del Mal, por lo que resultará multado.

Cuando en 1851 Luis Napoleón da un golpe de estado y asume todos los poderes, lo que indigna a Baudelaire, quizá porque nombre a su padrastro embajador en Madrid.

Aunque escribió sus poemas con 23 años, Las Flores del Mal, título que el editor le impusieron en lugar de Los limbos, que era el original, se publicaron en junio de 1857. Cuanto escribió hasta su muerte no sobrepaso este trabajo, son solo un complemento a su obra. Inmediatamente después el gobierno francés acusa al poeta de ofender la moral pública y juzgadas obscenas. El poeta fue procesado en medio del escándalo general. Aun cuando Baudelaire obtuvo el apoyo de sus colegas, seis de sus poemas fueron eliminados de las ediciones siguientes. La edición es confiscada por mandato judicial. Parece que el escándalo se inició desde el periódico conservador Le Figaro. En agosto, proceso de Baudelaire y de sus dos editores, que son condenados a sendas multas por ultraje a la moral pública y a las buenas costumbres. Se ordena la supresión de seis poemas ("Las joyas", "El leteo", "A la que es demasiado alegre", "Lesbos", "Mujeres condenadas", Delfina e Hipólita" y "Las metamorfosis del vampiro"). Baudelaire debe pagar una fuerte multa. Sólo Hugo (que le escribirá "Usted ama lo Bello. Deme la mano. Y en cuanto a las persecuciones, son grandezas. ¡Coraje!"), Sainte-Beuve, Teófilo Gautier y jóvenes poetas admirados le apoyan.

A pesar de condenarle por obscenidad y blasfemia, en 1859 y 1860 el Ministerio de Instrucción Pública le concede por dos veces sedas ayudas de trescientos francos. Pero ante el público quedará identificado, aun mucho después de su muerte, con la depravación y el vicio. Amargado, incomprendido, Baudelaire se aísla aún más. En su soledad donde él se ha encerrado, dos luces: los escritos admirados de dos escritores todavía desconocidos, Stéphane Mallarmé y Paul Verlaine. Escribe un ensayo sobre Madame Bovary, de Flaubert, que también ha sido juzgado por inmoral.

Empieza la época de sus enfermedades que durará hasta su muerte. Sufre trastornos nerviosos y dolores musculares. Se ahoga, sufre crisis gástricas y una sífilis contraida diez años antes reaparece. Para combatir el dolor, fuma opio, toma éter. Sufre el primer ataque cerebral. Físicamente, es una ruina. Recurre a cápsulas de éter para combatir el asma y al opio para los fuertes cólicos. Ante su precaria salud, pasa cortas estancias en Honfleur con su madre y en Alençon con su amigo y escritor Poulet-Malassis.

Su próximo trabajo "Paraísos artificiales", escrito en 1860, es un relato de las experiencias personales del poeta con drogas como el opio. Da a conocer Encantos y torturas de un fumador de opio, sobre Thomas de Quincey, segunda parte de Los paraísos artificiales.

En 1961 presenta su candidatura a la Academia Francesa. Desea rehabilitarse y obtener un salvoconducto de dignidad profesional y solvencia. Busca el reconocimiento oficial de su labor, más allá del círculo de los cafés literarios que empiezan a agobiarle. Fracasa en su postulación por la oposición y los consejos de los académicos.

Nervioso, enfermizo, arruinado y desconocido, unido siempre a su mulata alcoholizada y luego parapléjica, Baudelaire arrastra una vida de fracasado.

En 1864 viaja a Bégica, donde vivirá durante dos años en Bruselas. Allí trata de ganarse su vida dictado conferencias sobre arte, que son un fracaso y se unen a las anteriores. En la primavera decide ir a Bélgica, donde se se encontra su editor, a dar conferencias en los círculos intelectuales de diversas ciudades y a. Sólo llega a dar tres conferencias sobre Delacroix, Gautier y Los paraísos artificiales, con asistencia muy escasa de público. Intentar una edición de su obra completa pero fracasa y se venga de la falta de acogida escribiendo un panfleto titulado ¡Pobre Bélgica!

En 1865 Mallarmé y Verlaine elogian Las flores del mal, pero Baudelaire desconfía de estos jóvenes poetas. Y no le faltaba razón porque, por el contrario, Los Pequeños Poemas en Prosa nunca supieron valorarlos.

En su correspondencia expresa su deseo de recurrir al suicidio. Pese a una nueva subvención estatal, su economía es muy precaria. Miserable y con sífilis, su existencia es una gran ruina. Su salud está ya completamente minada y en 1866 sufre un ataque de parálisis general que lo deja casi mudo. Su madre viaja a Bruselas y de regreso a París interna a su hijo moribundo en un hospital. La enfermedad se agrava rápidamente, y su vida no es ya más que una lenta agonía que se prolonga durante un año. Para ayudarle a sobrellevar el dolor, sus amigos acuden junto a su lecho a interpretarle Wagner. Paralizado, mudo y medio imbécil, sobrevive varios meses hasta que el 31 de agosto de 1867 muere tristemente a los 46 años, en brazos de su madre en el mismo hospital en el que estaba ingresado.

Fue enterrado en el cementerio de Montparnase, junto a la tumba de su padrastro, a quien siempre odió.

Póstumamente, en 1868, se publicaron sus "Pequeños poemas en prosa".

ALGUN LUGAR ENCONTRARE - LEON GIECO

Tema de Andrés Calamaro compuesto para la banda sonora de "Caballos salvajes", film dirigido por Marcelo Piñeyro. Es la versión de León Gieco.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Mi cajita de música, Mercedes Sosa

Autores : José Pedroni, César Isella

Confidencia, Jose Pedroni

En fragante mudanza el limonero
destaca tu rubor.
Tú no sabes, amiga, pero hueles
a limonero en flor.
En un tronco caído una avecilla
le hizo casa al amor.
Tú no sabes, amiga, pero anidas
lo mismo en mi dolor.
Del arroyo una fría pedrezuela
me trajo el pescador.
Guardé la piedra en mi cerrada mano,
y sentí su frescor.
La harina del molino me empolva el alma
la harina de tu amor.
En el monte encontramos uva crespa
y una flor y otra flor;
Cada flor con tu aroma y cada uva
con tu mismo sabor.
Con su fresco algodón venda la piedra
el musgo trepador.
También es como el musgo tu ternura
en mi piedra interior.
Por el camino baja suavemente
un lugareño son.
Así también, amiga, tu palabra
baja a mi corazón

Maternidad, Jose Pedroni

(Fragmento)

Mujer: en un silencio que me sabrá a ternura,
durante nueve lunas crecerá tu cintura;
y en el mes de la siega tendrás color de espiga,
vestirás simplemente y andarás con fatiga.

-El hueco de tu almohada tendrá un olor a nido,
y a vino derramado nuestro mantel tendido-,
Si mi mano te toca,
tu voz, con vergüenza, se romperá en tu boca
lo mismo que una copa.
El cielo de tus ojos será un cielo nublado.
Tu cuerpo todo entero, como un vaso rajado
que pierde un agua limpia. Tu mirada un rocío.
Tu sonrisa la sombra de un pájaro en el río…

Y un día, un dulce día, quizá un día de fiesta
para el hombre de pala y la mujer de cesta;
el día que las madres y la recién casadas
vienen por los caminos a las mismas cantadas;
el día que la moza luce su cara fresca,
y el cargador no carga, y el pescador no pesca…
-tal vez el sol deslumbre; quizá la luna grata
tenga catorce noches y espolvoree plata
sobre la paz del monte; tal vez el villaje
llueva calladamente; quizá yo esté de viaje…-
Un día un dulce día con manso sufrimiento,
te romperás cargada como una rama al viento,
y será el regocijo
de besarte las manos, y de hallar en el hijo
tu misma frente simple, tu boca, tu mirada,
y un poco de mis ojos, un poco, casi nada…